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Lorena García es la autora del documental "Esta cajita que toco tiene boca y sabe hablar, que se estrenó el domingo y por el cual se sumergió durante cuatro años en el universo de las coplas y copleras del norte argentino, para revelar el intercambio de culturas y experiencias de vida que se genera al son de estos cantos ancestrales.
"Este no es un documental informativo sobre la copla ni sus orígenes, sino una película más vivencial sobre las coplas, porque son un estilo de vida y cuentan historias de vida, en algunos casos ancestrales. Es, en definitiva, una película sobre esas copleras y cómo el canto las ayuda a vivir, afirmó la directora.
Para ella, la copla "va más allá de lo que se considera cantar, o de una buena voz. Es una forma de expresar cierta forma de vida y tiene que ver con la capacidad de transmitir experiencias. Es una forma de canto que no se explica, se vive, dijo García, y añadió que tiene "un vínculo muy fuerte con la naturaleza, que allí te envuelve, te rodea.
Periodista y cineasta, García ya había incursionado en 2006 en el mismo universo de la música norteña con el mediometraje "Tengo una pena que es pena, sobre una coplera salteña en crisis, y ahora estrenó este nuevo filme el domingo en el porteño El Camarín de las Musas, ubicado en Mario Bravo 960, donde se verá todos los domingos.
En la película -hecha de retazos de viajes por el territorio de las coplas y el canto con caja- intervienen copleras de las provincias de Jujuy y Salta como Julia Vilte, Julieta Gutiérrez y Chabela Alavar, copleras de la Cuadrilla de Cajas y Erquenchos de 1800, Luisa Cutipa y las hermanas Bety y Selva Vilte, entre otras.
Se suman a ellas cantantes profesionales de Salta, como Mariana Carrizo y Melania Pérez, y de Buenos Aires, como Mariana Baraj, Laura Peralta, Miriam García y Verónica Condomí.
A García, el vínculo con estas mujeres, con el ritmo de vida, la cultura y el paisaje del norte argentino, le cambió la vida por completo, a tal punto que decidió volcarse al cine por entero para esta película, abandonar su trabajo como periodista del diario La Nación en Buenos Aires y mudarse a Tilcara, en la provincia de Jujuy.
"Mi vínculo con el norte viene desde chica, con mi familia viajábamos mucho y después viajé sola, para el carnaval, el Día de las Almas y la Pachamama. Ese vínculo se fue intensificando hasta que en determinado momento entré en crisis con el periodismo y decidí probarme desde otro lugar. Además, no me sentía muy afín en la ciudad, explicó García.
"No me sentía muy satisfecha con mi trabajo como periodista -agregó- y quería intentar un cambio de vida. Además, cada vez necesitaba viajar más. Eran como dos actividades que empezaban a chocarse y al final me fui a vivir a Tilcara, lo que me ayudó a terminar la película.
En diálogo con Télam, la cineasta recordó que compartió uno de esos viajes con la coplera humahuaqueña María Ramos: "Ella empezó a contarme su historia de amor e intercalaba algunas coplitas, recitadas y cantadas, y a partir de allí quedé fascinada con las historias y el mundo ficcional al que remitían sus cantos.
En la película se ve cómo a través de estos cantos ancestrales de transmisión oral, estas mujeres atesoran un camino posible para expresar sus sentimientos, para relacionarse con otros y otras, para decir lo que les gusta y lo que no, para decir lo que les gustaría y no se animan, para actuar lo imposible y para jugar a lo posible.
"Me parecía que, a través de las coplas, estas mujeres podían decir muchas cosas, y que todo ese universo ficcional les servía para ser otras y expresar sus propios sentimientos y sus pensamientos sobre la vida, jugar a ser otras y decir lo que les gusta y lo que no, señaló la directora.
García registra el encuentro en Salta entre Mariana Baraj y la coplera y pastora de cabras Julia Vilte, donde además de compartir sus experiencias musicales, emprenden un viaje en micro a la fiesta de copleros de Purmamarca, un encuentro popular que se realiza todos los años en esa localidad de la quebrada de Humahuaca, provincia de Jujuy.
"En la película se dan una serie de intercambios musicales y afectivos entre mujeres de orígenes distintos, que han tenido educaciones diferentes, y creo que ese intercambio representa que esa transmisión oral de la cultura de la copla sigue vigente a pesar del paso del tiempo, opinó García.
Con respecto a la manera en la que se acercó a sus personajes, la cineasta afirmó que quizo volverse "invisible para que "la copla se cante sola, sin que nadie la introduzca, porque es algo muy sencillo de la vida cotidiana. No quise explicar nada ni poner a nadie explicándolo. La historia se fue contando sola, a través de estas mujeres, copleras y cantantes.
La película se presentó por primera vez en el Bafici y recorrió muestras y festivales de todo el país y de España, México y Colombia, mientras que recibió la mención Juana Azurduy del 16to. Festival Latinoamericano de Video Rosario y la mención ADN en el Festival de Cine de Gualeguaychú.
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